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Ellas miran hacia arriba


By pampa - Posted on 08 March 2011

Muchas mujeres han observado el cielo con ojos científicos. Muchas y relevantes. Junto con la medicina, quizá la astronomía sea una de las ciencias que a lo largo de los siglos ha reclutado más féminas en sus filas. “Ha habido más astrónomas que físicas o químicas, y en todos los periodos de la Historia”, afirma Eulalia Pérez Sedeño, Profesora de Investigación en el Departamento de Ciencia, Tecnología, Sociedad del CSIC. Desde 2009, dentro de un enorme furgón, la memoria de muchas de estas científicas está viajando por las carreteras de la península con la exposición itinerante 'Con A de Astrónomas'. Ahora han hecho parada en Oviedo, donde se las puede visitar en el auditorio Príncipe Felipe hasta el 30 de marzo. Ya pasaron por Sevilla, Santiago de Compostela y Murcia, y las próximas visitas de su viaje serán Santander y Bilbao.

“Cuesta trabajo transportar la muestra de un lado a otro. Llevamos siete estatuas de 2,30 metros de altura que emulan el estilo alejandrino de la película Ágora”, explica Óscar Menéndez, coordinador de la exposición. Y no solo las estatuas viajan: también hay siete stands interactivos con vídeos, un astrotrivial y voces de científicas que cuentan cómo empezaron a investigar en una época en la que estaban prácticamente solas entre varones.

Además, 13 paneles de la exposición, entre los que se incluye uno sobre 116 astrónomas españolas, recorren la historia de la ciencia del cielo a través de las mujeres que la han construido. “No es una muestra sobre personajes femeninos, sino sobre la astronomía a través de sus mujeres más punteras”, dice Menéndez.

Cuando este periodista científico, director de la empresa Explora Proyectos, se lanzó a coordinar 'Con A de Astrónomas', ya había participado en otras dos muestras sobre género y ciencia –'La Estirpe de Isis' y 'Científicas Invisibles'–. En esta ocasión, contó con la experiencia de un grupo de especialistas de primera línea: el equipo de 'Ella es una Astrónoma'.

“Somos nueve mujeres de diferentes ámbitos –astronomía, enseñanza, historia de la ciencia y consultoría de género– las que trabajamos en 'Ella es una Astrónoma', uno de los pilares en los que se sustentó el Año Internacional de la Astronomía 2009. En aquel momento, además de la exposición, desarrollamos otros proyectos que después han tenido continuidad, como los podcast divulgativos y la serie de televisión Mujeres en las estrellas que se retransmitió en la 2 y se puede ver en internet”, explica Josefina Ling, profesora titular de Astronomía en la Universidad de Santiago de Compostela y una de las dos comisarias de la exposición.

Josefina Ling. Fuente: SINC

La otra comisaria es Eulialia Pérez Sedeño, coautora del libro Un universo por descubrir. Género y astronomía en España (Plaza y valdés, 2011), junto con la investigadora social Adriana Kiczkowski. La obra es el resultado de otro de los proyectos de 'Ella es una Astrónoma': el primer estudio de la representación de mujeres astrónomas en el sistema científico-tecnológico español, financiado por el CSIC.

Los resultados de su estudio revelan que “hay muchas menos mujeres que hombres dedicadas a esta ciencia en nuestro país. Mientras que en el resto de las áreas académicas el porcentaje femenino es de un 40%, en astronomía y astrofísica representan un 26%”, señala Pérez-Sedeño. La cifra española casi coincide con la global, ya que solo la cuarta parte de la comunidad astronómica profesional del mundo es femenina. Sin embargo, como explica Ling, “algunas ya lideran equipos en la Agencia Espacial Europea (ESA) y en la Nasa”. Por eso en 'Ella es una Astrónoma' se han propuesto “visibilizar el magnífico trabajo de las mujeres en esta área”, señala.

La participación femenina es aún menor –de un 20%– entre los aficionados a la astronomía. “En esta ciencia, el mundo amateur es una cantera muy rica y, en ocasiones, de alto nivel. En él las chicas se implican poco. Es llamativo que las madres que pertenecen a asociaciones de astrónomos aficionados sí suelen asistir a las actividades en las que pueden participar los niños, como las observaciones, pero no se comprometen en la organización”, indica Ling.

Esta profesora de Astronomía conoce la situación de primera mano. “En mis clases las chicas responden mejor que sus compañeros a nivel teórico, pero sienten reparo a la hora de manejar el instrumental, a pesar de que les digo que no tengan miedo a tocarlo. Por eso procuro que en los grupos de prácticas ellas se pongan juntas. Si en el equipo hay un hombre, dejan que este tome la iniciativa con los aparatos”. Otro freno a la carrera investigadora en este campo, según Pérez Sedeño, es la conciliación familiar: “Los tiempos de observación que exige la astronomía son largos, y las madres no quieren estar tanto tiempo fuera de casa”.

Aún existen diferencias. En el pasado, además, había impedimentos. “Recuerdo cómo una catedrática en Astronomía me contaba que en los años 70 fue a Cambridge con una beca y allí el responsable del observatorio donde trabajaba le retiró la financiación porque consideraba que debía estar con sus hijos. La científica consiguió dinero a través de su director de proyecto en España y cuando hubo terminado su investigación, el jefe en Cambridge quiso devolverle su beca, pero ella ya no la aceptó”, cuenta Pérez Sedeño. Otras tuvieron que lidiar con la dificultad de no poder hacer observaciones nocturnas si no estaban acompañadas por varones de sus familias. “Antes, la mayor parte de las astrónomas eran privilegiadas, de clase alta y con hermanos o padres científicos”, dice Pérez Sedeño.

El despunte definitivo de las mujeres en esta ciencia sucedió en la Universidad de Harvard a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando el profesor Pickerin, inspirado por la idea de que ellas tenían más paciencia para los cálculos tediosos –y además, sus salarios eran más bajos– contrató a decenas de mujeres para su proyecto de clasificación de espectros estelares. Algunas de ellas pasaron de desempeñar tareas de oficinista a emplearse en cálculos matemáticos y labores de meticulosa clasificación.

Pickerin y su 'harén' de astrónomas en la Universidad de Harvard.

Entre ellas destacan nombres como los de Williamina Fleming, que catalogó más de 10.000 estrellas y descubrió propiedades de las enanas blancas; Annie Cannon y Antonia Maury, que crearon sendos sistemas de clasificación de estrellas; y Henrietta Leavitt, que encontró la relación entre el periodo y la luminosidad estelar.

En su época se las conocía jocosamente como 'el harén Pickerin'. La broma no tenía mucha gracia, si se piensa que ganaban menos que cualquier otro académico. A pesar de ello, el cielo no se libró de la mirada de las mujeres.

 

Pampa García Molina / Divulga

 

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